jueves, 15 de febrero de 2007

tres deseos

1- Quiero comer cerezas (texto redactado originalmente en un e-mail)




Ayer tenìa antojo de comer cerezas, mi fruta favorita. Como bien saben, en Mèxico la cereza no es la fruta màs barata, por lo que es rar(ìsim)a la ocasiòn en la que llego a comerla. Sin embargo, la vez pasada que estuve por aquì y por el sur de Chile, comì muchas, muchas cerezas. Fue parte importante del viaje eso, pues hubo una semana entera en la que fue lo que màs comì, y mis recuerdos de los lagos y pastizales del sur estàn inevitablemente marcados por el dulce sabor a cereza. Por ello, cuado pasè por una fruterìa ayer se imaginarán mi decepciòn al descubrir que no habìa ya cerezas en Bariloche. Desafortunadamente, la temporada pasò, me dijeron. Asì que me conformè con unas fresas. Bueno, el caso es que hoy iba con E., caminando de regreso de un punto en el que dos lagos se juntaban, cuando, de pronto, me encontrè una cereza en el suelo. Pensè, de manera un tanto ingenua (y un tanto urbana), "algùn turista la tirò por la ventana de su auto". Y continuè. No pasaron ni veinte metros cuando, junto a la carretera, por las alturas, observè unas frutas rojas que colgaban de un àrbol como adornos. Me acerquè, y me di cuenta que, un poco escondido, hacia el bosque, habìa un àrbol de unos veinte metros, y otros tantos màs pequeños, repletos todos de cerezas maduras. Asì que me subì al àrbol más cercano y accesible, y pasè una media hora arrancando las frutas y pasàndoselas a Enrique. Nos hemos pasado el dìa entero comièndolas, y la verdad estàn deliciosas.


2. Quiero que alguien me recoja para no caminar bajo por el bosque siendo tarde y frío en menos de treinta segundos aunque eso sea estadísticamente menos probable que atinarle al melate

A E. le pasò algo extraño. Él se jacta de ser ateo y cientìfico, y el otro dìa, ìbamos caminando por la carretera, de noche. Habíamos pasado el dìa entero recorriendo el Parque Municipal llao llao, nadando en lagos helados, platicando con gente, y sentàndonos al borde de barrancos para observar los grandes valles patagònicos cuando se nos hizo un poco tarde y quedamos varados en el entronque de la carretera que va hacia Bariloche y/o Colonia Suiza. De hecho, habìan pasado ya dos horas que ìbamos pidiendo ride y nadie nos lo daba, pero nos habìan asegurado que en el entronque al que llegamos pasaba el bus. Pero en dos horas no habìa pasado nadie: sòlo ocho carros, que nos ignoraron, y un poli en una moto, que se parò ante nuestra insistencia y nos dijo que no habìa transporte. Era escaso entre semana, y esta vez era domingo de noche. Asì que nos resignamos y continuamos caminando. Hacìa frìo y de pronto dimos con una fàbrica de cerveza artesanal. Decidimos entrar, pues habìa un letrero que indicaba que cerraban a las 23:30. Ya eran las 23:00. Nos detuvimos, decidimos relajarnos un poco. Hacìa hambre y con el estòmago vacìo enfrentarse al bosque està de locos. Comimos una pizza entre los dos, nos tomamos una cerveza artesanal cada uno y salimos como a las 11:15. Quedaban 8 kilòmetros de camino, y la cerveza y el calor del lugar nos habìan hecho bajar la guardia. Salir a la intemperie fue como un uppercut a la quijada en ese instante. Y en eso, que E. abre la boca. Llevàbamos unos treinta segundos de haber salido a la carretera, apenas comenzaban a crujir las primeras piedras de la carretera bajo nuestros pies cuando dice: "Si en el siguiente minuto pasa un auto y nos lleva, es que dios existe." Estàbamos, comprenderàn, hechos pedazos. Habìamos andado ya como 20 km ese dìa, y si nadie nos habìa recogido en cuatro horas, era improbabilìsimo que lo hicieran en ese momento. Pero no tardò ni 30 segundos en aparecer una luz, y de pronto, vimos que venìa el autobùs, el mismo que se suponìa que no pasaba ya.

3. ¡Quiero ver nieve!

"I dreamt that I woke up. It's the oldest dream in the book and I just had it. I dreamt that I woke up." - Julian Barnes




Una de las cosas, que secretamente me habìan ocasionado cierta decepciòn en este viaje a la Patagonia verde era la falta de nieve. En el viaje pasado que habìa hecho a estos rumbos figuraban las cordilleras repletas de nieve, mientras que en esta ocasiòn eran apenas unos cuantos manchones blancos sobre sus coronas cafès. Pero procurè no desilusionarme mucho. Siendo oriundo de la Ciudad de Mèxico, donde los glaciares de los volcanes se derriten cada año un poco màs y las escuetas nevadas del Ajusco surten apenas un efecto como de limosna sobre mi aficiòn al hielo, era inevitable estar un poco decepcionado. Pero decidì ver las cosas por el lado positivo: por lo menos el clima era bueno, y se podìa nadar. Pero a partir de ayer, mièrcoles 14, ese era pasò a fue, pues comenzaron las lluvias, y comenzaron en serio. El dìa de los enamorados me la pasè resguardàndome bajo un impermeable. Intentamos comer lunch frente a un lago pero el implacable viento casi manda a volar las aceitunas y el pan. Nadar en la cascada de Inacayal podrìa haber devenido en pulmonìa, asì que sòlo la observamos. El lago desde el mirador Belaverde era hermoso y radiante, pero se veìa agrisado por las nubes. Y la lluvia no parò por la tarde, ni por la noche. Me acostè temprano, pensando que el dìa siguiente seguramente habrìa buen clima como para ir a la penìnsula de los arrayanes. Sin embargo, varias veces, durante la noche, me despertè y escuchaba la lluvia caer. Y caer. Y caer. Y a la mañana siguiente, no parecìa tener fin. Asì que me resignè a pasar el dìa en el hostal (que tiene calefacciòn), leyendo a Chatwin y escribiendo algùn post, cuando de pronto, decidì salir a la calle, y fue cuando lo vi: todas las montañas alrededor de la ciudad cubiertas de nieve. Y no sòlo las cumbres, sino que los àrboles a media montaña parecìan espolvoreados por azucar glass. Y ahì fue cuando despertè. Despertè en mi cama, la litera de arriba. El cuarto estaba oscuro y los demàs dormìan. Afuera brillaba un gris intenso. Me puse los jeans, y los zapatos y bajè a desayunar tranquilamente. Todos andaban decepcionados pues continuaba lloviendo y las excursiones serìan complicadas. Escuchaban el horòscopo, que en la parte de Tauro hablaba de una luna alineada a mi signo zodiacal que, segùn, me iba a llenar de ganas de hacer muchas cosas, ademàs de que recibirìa un regalo inesperado. Terminè de desayunar y conversè un rato con otros mochileros argentinos y uno de Polonia, y recordè que tenìa que comprar un impermeable. Asì que fui por mi suèter y mis botas, y salì. Y ahì fue cuando lo vi. Los cerros nevados, casi como una ilusiòn. Y no me despertè, sino que fui a despertar a E., y buscamos la forma màs pronta de llegar al Cerro Bayo. Le preguntè de paso a la chica del hostal sobre què tan comùn era una nevada a mediados del verano. Nada comùn, me dijo. Tomamos un bus hasta el camino que va al cerro, y luego comenzamos a andar los seis kilòmetros pero al poco tiempo nos dieron ride. Tomamos la aerosilla de la base hasta los 1,500 metros y ahì todo era blanco y profundo. Encontramos un sendero por el que no habìa pisado nadie y caminamos entre los àrboles. Todo era blanco, y una ligera nevada caìa sobre nosotros. Apareciò una liebre, que saltaba, rozando ligeramente la nieve, casi flotando. Un aguila de pico amarillo sobrevolaba y luego se posaba en una rama. Pasamos el dìa entero ahì, y por la tarde descendimos desde la cumbre por un sendero que nos llevò desde la nieve y suave profunda hasta la tierra dura, con una vista de la cordillera nevada a lo lejos. No lo podìa creer. La luz iluminaba de una forma casi irreal, como la de los screensavers del departamento de computadoras de Liverpool. No era la vida a la que estoy acostumbrado. Por la noche, de vuelta en el hostal, intento dormir. Cierro los ojos y veo los copos descendiendo como astillas de vidrio. Siento mis pasos como si entraran en la nieve espumosa, y escucho el sonido, que es como un ligero raspòn. Y por màs que lo intento, simplemente no lo logro. Dormir es imposible esta noche. Me resigno y comienzo a escribir este texto.



16-02-07

2 comentarios:

Natalia Flores dijo...

Sin palabras (así de soprendida estoy). Pero es que nada más imagínate que sería de nosotros sin esos milagros (pequeñitos, cotidianos y no tanto...)
En fin, qué bueno que el viaje vaya tan bien. Saludos

Heliasàr dijo...

qué buenas crónicas. hasta hiciste que se me antojaran las cerezas.
saludos, y sigue disfrutando tu periplo.